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1810-1910-2010 CONMEMORAR, REVALORAR Y RENOVAR NUESTRO PROYECTO COLECTIVO DE NACIÓN

Enrique Florescano

La próxima conmemoración del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución de 1910 es ocasión propicia para valorar 200 años de la formación de la República Mexicana, el nacimiento del Estado nacional y del proyecto colectivo de construir una nación integrada por todas sus partes y dirigida al bienestar común de los ciudadanos. En ambos acontecimientos los pobladores de Veracruz fueron actores destacados de las acciones políticas, sociales y culturales que transformaron el destino de la nación. El año 2010 será así un año de balance de los logros alcanzados y de presentación a la nación de lo que Veracruz ha realizado y quiere ser en el futuro.

En 1810 Miguel Hidalgo inició el movimiento que en 1821 culminó con la declaración de Independencia y la separación política de España. Un siglo más tarde, en 1910, Francisco I. Madero encabezó la oposición contra el gobierno de Porfirio Díaz y en 1917 esa insurgencia ciudadana produjo una nueva constitución política y un programa que reformaba la estructura del Estado e invitaba a participar, por primera vez, a todos los sectores y grupos en un proyecto colectivo sustentado en la igualdad, la justicia, el desarrollo económico y el bienestar del conjunto social. A esos dos movimientos debemos el nacimiento de un Estado autónomo que recibió el nombre de República Mexicana, y la aparición de un modelo de Estado-nación proyectado hacia el futuro. Son nuestros movimientos fundadores, el origen de nuestro proyecto colectivo nacional.

Por esas características su próxima conmemoración debe envolver a todos los ciudadanos y motivar la reflexión y la participación nacional. Quienes han expresado la conveniencia de que los ciudadanos, los sectores sociales y las instituciones del Estado se apresten a recordar ambas efemérides prefieren hablar de conmemoración antes que de celebración o festejo.

Quizá éste sea el término adecuado. Lo que importa a los mexicanos de hoy es comprender el significado de esos movimientos, conocer sus orígenes y motivaciones, compenetrarse de las circunstancias históricas que los condicionaron y reflexionar sobre sus efectos en la formación del México moderno y contemporáneo. Conmemorar los orígenes de la República y el nacimiento del Estado nacional tendría el sentido de traer a la memoria del siglo XXI los anhelos que llevaron a nuestros ancestros a construir un proyecto compartido por individuos que tenían orígenes sociales, tradiciones culturales, lenguas, creencias religiosas e intereses económicos y políticos diferentes y contrastados.

En la medida en que somos hijos del proyecto colectivo que se inició en 1810 y fue ratificado en 1910, los mexicanos del siglo XXI tenemos el compromiso moral de recordad esos orígenes y transmitir su legado a los ciudadanos de hoy y de mañana. Los objetivos que movieron a los padres fundadores se mantienen vigentes: República Federal, Estado laico asentado en principios democráticos, prosecución del bien común, garantías individuales, igualdad de derechos y oportunidades e irrestricta participación ciudadana en los asuntos públicos. A estos principios liberales la Constitución de 1917 y nuestra historia reciente sumó los derechos sociales, el imperativo de producir riqueza para satisfacer los rezagos de las mayorías marginadas, vigencia del estado de derecho, la demanda de equidad y seguridad pública, y la premura de enfrentar los peligros que amenazan la conservación del medio ambiente y la calidad de vida de las próximas generaciones.

La conmemoración de ambas efemérides invita a una celebración de la República entendida como entidad política y moral, y a ratificar el pacto federal que nos dotó de un ser histórico unitario. La Revolución de 1917 formuló un pacto de unidad nacional al incluir a todos los actores sociales en un proyecto político, un pacto que el discurso conmemorativo del 2010 está obligado a refrendar. La conmemoración de la Independencia y de la Revolución de 1910 es la mejor oportunidad para darle nuevo aliento al proyecto de construir una nación integrada y confiada en su futuro.
¿Qué hemos alcanzado de esas metas? ¿Qué obstáculos se han atravesado en su consecución? ¿Cómo los hemos enfrentado? ¿Cuál es el balance del esfuerzo de construir una nación? Evaluar lo recorrido en el transcurso de 200 años es objetivo ineludible de la conmemoración bicentenaria. Por su misma naturaleza, la conmemoración implica la revisión crítica y la evaluación objetiva. Por fortuna, las principales instituciones académicas, culturales y educativas han tomado entres sus manos la realización de congresos, simposia, ediciones y exposiciones dedicadas al estudio y la valoración de la independencia y la Revolución.

Por su naturaleza simbólica 2010 será el año conmemorativo de los esfuerzos realizados por el conjunto de los mexicanos. Por ello, ante el riesgo de que esa conmemoración nacional sea mediatizada por las instituciones del Estado, las burocracias o los poderes fácticos, es necesario refrendar su sentido republicano, federalista, cívico y democrático. El pacto republicano, federal y democrático que nos cobija implica la participación equitativa y responsable de los tres poderes, de los estados y municipios, de las instituciones públicas y privadas, así como de los partidos, del conjunto de los sectores sociales y de los ciudadanos.

En la medida en que cada una de esas partes contribuya a enriquecer la conmemoración de la Independencia y de la Revolución, sin inhibir la participación de los ciudadanos, podremos decir que en 2010 se fortaleció la República y se acendró el espíritu nacional.